Generalmente, cuando se habla de personalidad psicopática nos imaginamos a un asesino serial o a un criminal despiadado, lo cual es correcto. Sin embargo, la psicopatía es una entidad compleja y llena de matices, que ha llevado a grandes estudios y teorías para intentar comprenderla y clasificarla. Incluso actualmente la definición de psicopatía sigue siendo imprecisa para varios autores.
Hervey Cleckley, estudioso de la psicopatía, la consideraba como un trastorno grave debido a su apariencia externa de normalidad. Concibió al psicópata como un individuo de trato social aparentemente agradable pero altamente asocial, superficial e impulsivo.
Existe un conjunto de rasgos para definirla sobre los cuales hay un consenso. Algunos de ellos son:
Comportamiento antisocial, grandiosidad, ausencia de empatía, falta de sentimiento de culpa, conductas de manipulación, tendencia a la desinhibición e impulsividad.
Dentro de esta categorización, podemos encontrar un amplio abanico que comprende varias tipologías y una escala que va desde el criminal típico hasta una persona común y corriente integrada a la trama social que puede pasar desapercibida por su comportamiento camuflado.
En este último caso, la falta de una evidente conducta antisocial los hace más peligrosos porque a las personas con las que se relaciona les cuesta darse cuenta y tener herramientas para defenderse.
Este es el caso de la psicopatía subclínica.
¿Qué significa psicopatía subclínica?
Se trata de personas que cumplen con los requisitos de la psicopatía en cuanto a los rasgos, pero que no se involucran en conductas delictivas visibles. Ambos tienen la misma estructura de personalidad.
La falta de afectividad o la asociación con conductas violentas no se da en todos los casos; muchas investigaciones indican que pueden sentir emociones y algunos nunca han tenido historial de violencia.
La diferencia entre los psicópatas subclínicos y los que no lo son es la ausencia de un comportamiento antisocial evidente. Generalmente los denominados “subclínicos” son personas que tienen mayor desarrollo en las áreas afectiva e interpersonal.
Este perfil tiene facilidad para desarrollar conductas de mimetismo y camuflaje que les permiten permanecer inadvertidos y obtener ventajas funcionales de su entorno y/o de sus relaciones.
Hay psicópatas integrados con posiciones de poder en gobiernos o empresas. Tal es así que esta versión de la psicopatía se denomina “psicópatas con éxito” o “los integrados” porque pasan desapercibidos y pueden tener altos niveles de integración social, generando gran daño a su alrededor sin culpa ni remordimiento alguno.
Algunos expresan su psicopatía en ciertas áreas más que en otras. Por ejemplo, pueden manifestar su patología dentro del trabajo y en el ámbito afectivo interpersonal son “amorosos”. O por el contrario, ser personas de gran corrección en lo social pero desplegar su trastorno con su círculo familiar.
El perfil cognitivo del perfil subclínico es multifacético así como experto en la especulación, la mentira y la seducción en un plano muy sutil. El maltrato psicológico es una pauta de comunicación muy habitual en personas con este perfil, y tienden a establecer relaciones con personas a las que les cuesta autoafirmarse en su autoestima y poner límites.
Conductas de riesgo en lo sexual, infidelidad, hechos de corrupción económica o emocional, participación en episodios que transgreden reglas sociales o familiares pueden ser infringidas por ellos sin el menor remordimiento.
El grado de manipulación que son capaces de ejercer genera que sus parejas, familiares y/o amigos puedan dudar de sí mismas y de sus percepciones, dada la convicción que pueden expresar. Ellos se muestran firmes en su actitud y cualquier acusación es tomada en forma despectiva y fácilmente desplazada o proyectada hacia afuera. Por ejemplo, un hombre con este perfil, si es descubierto en una situación de infidelidad o mentira por su pareja, es capaz de distorsionar la percepción de la realidad y hacerla sentir excesivamente celosa, sensible o loca. Esta dinámica de descalificación recibe el nombre de gaslighting: https://valeriabedrossian.com.ar/gaslighting-el-arte-de-manipular/
¿Puede un psicópata sentir emociones?
Este es uno de los temas más controvertidos, puesto que muchos autores afirman que se caracterizan por la frialdad emocional y por la falta de reacciones emocionales como la empatía.
La desafectivización es uno de los rasgos distintivos de este trastorno. No se ven afectados emocionalmente por lo que generan en su entorno, ni sienten culpa. Generalmente los que sufren son las personas a su alrededor.
Esto no implica que no puedan sentir frustración, enojo y malestar u otras reacciones afectivas superficiales. Pueden aprender a expresarse en términos socialmente aceptables, pero difícilmente puedan lograr un profundo compromiso afectivo.
Es factible que puedan desarrollar, en algunos casos, algún tipo de afecto, pero generalmente se trata de una simulación de sentimientos de compasión, solidaridad, amistad, para obtener algo.
La hipótesis de Cleckley en relación a la cuestión emocional hacía referencia a un déficit afectivo al que denominó “afasia semántica”: sólo son capaces de sentir emociones a un nivel muy superficial.
Según Rice (1997), el tratamiento psicológico los hace más peligrosos, porque adquieren más herramientas para fingir y manipular.
Quien tiene este perfil no asiste a terapia, porque no duda de sí mismo y no registra la necesidad de cambiar. En todo caso, cree que quienes tienen problemas son los demás.
«Si algún día voy al psicólogo mi caso será muy, muy interesante.”
Lic. Valeria Bedrossian
valeriabedrossian@gmail.com
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