Las situaciones disruptivas (el aislamiento por un virus, una catástrofe natural, o una crisis colectiva), pueden representar, para el psiquismo, una amenaza que genere la irrupción de miedos y ansiedades; pero al mismo tiempo, si uno está dispuesto a conectarse más profundamente, puede ser una oportunidad para que se nos manifiesten ciertas revelaciones.
Es una instancia en la que muchas “verdades” acerca de nosotros mismos, toman protagonismo. En el silencio de nuestras casas, en la ausencia de ciertas rutinas, en otra dimensión del tiempo, en la intimidad con uno mismo y en nuestras relaciones. Todo se ve aumentado. Esas dimensiones, generalmente ocultas en la rutina diaria, nos permiten distraernos y dejar de lado lo sutil, lo íntimo, eso que nos habla en silencio, que ahora no podemos dejar de ver. Y que contiene, debo decir, un potencial enorme para nuestro crecimiento personal.
La verdad habla más fuerte en momentos como éste. Verdades sobre nosotros mismos, sobre nuestras relaciones. Es un momento de enfrentamiento con la desnudez en la que lo más auténtico de nosotros mismos se hace presente.
Estas situaciones que nos recuerdan que no somos omnipotentes, también pueden representar un desafío para preguntarnos desde dónde nos construímos, desde qué pilares nos potenciamos.
Determinadas personas, actividades y relaciones adquieren, para nosotros, un valor diferencial, nos otorgan un verdadero sentido. ¿A quién darías tu primer abrazo luego del aislamiento? ¿Qué no podés dejar de hacer en este tiempo en suspenso? ¿Con quién te sentís más seguro? ¿Qué es lo que más extrañás de la vida ordinaria? ¿De qué aspectos de esa vida que tenías, podrías prescindir?. ¿Quiénes serían los invitados a esa cena de amigos con los que verdaderamente sentís que podés contar?.
Una oportunidad también de redescubrirnos. De “mezclar y dar de nuevo” en ciertas cosas.
Aquí, como en otros momentos de la vida, cada quien libra su propia batalla. Una batalla que para los demás pasa completamente inadvertida. Ese desafío es personal, así como también decidir si vamos a permitir vernos atravesados por esta experiencia desde un lugar transformador.
“La cueva oscura donde temes entrar es donde está tu tesoro”.
-Joseph Campbell-
Lic. Valeria Bedrossian
valeriabedrossian@gmail.com
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