Virtual
adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real. 2. adj. Implícito, tácito. 3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.
Desde que a principios de los 90 el homo sapiens descubrió que utilizando dos computadoras conectadas entre sí podían llevarse a cabo muchas tareas que antes requerían una interacción personal, física, presencial y simultánea entre dos o más personas, fue necesario acuñar conceptos que permitieran diferenciar estas novedosas maneras de hacer ciertas cosas de sus versiones anteriores, que no contemplaban la intervención de computadoras.
El “correo electrónico” necesitaba del adjetivo “electrónico” para diferenciarlo del “común” o “postal”, un libro digital tenía que ser llamado así para diferenciarlo de su versión en papel, y una “comunidad virtual” era un grupo de personas que se conectaban, todas al mismo tiempo y desde sus propias computadoras en sus propios hogares para hablar sobre un tema determinado.
Estos adjetivos (electrónico, digital, virtual) se utilizaban casi indistintamente y, en muchos casos cayeron en desuso, en gran parte porque ya no era necesario distinguir algo digital de su versión no digital. La frase “te mandé un correo” no necesita de una sola palabra más para su comprensión cabal.
Hoy en día, el concepto realidad virtual se define a sí mismo: es una falsa realidad que “parece real”. Pero, aplicar el adjetivo virtual a conceptos como trabajo, terapia o enseñanza nos presenta un problema.
Al trabajo realizado en forma remota se le llama teletrabajo, pues adjetivarlo como virtual le restaría entidad; sería como considerarlo un trabajo “aparente y no real”.
En el mismo error incurriríamos llamando virtual a una sesión de terapia que se lleve a cabo a través de una videollamada, cuando, en rigor, esta interacción terapeuta-paciente resultará tan genuina como la celebrada en el consultorio del terapeuta; reúne todas las condiciones para crear un encuadre terapéutico (permite una interacción fluida, da lugar a la expresión de estados de ánimo, facilita una conversación dinámica en simultáneo, permite el espacio para silencios, posibilita la observación del lenguaje corporal, admite interrupciones y repreguntas, y hasta agrega información del contexto del paciente que puede ser relevante para el proceso).
La actualidad, dominada por el efecto coronavirus, pone en un primerísimo primer plano formas de interacción que no solo no requieran de la presencia física, sino que la eviten, tanto para trabajar como para poder continuar con la vida normal en otros aspectos (sesiones de terapia, consultas médicas, clases de inglés, de canto, reuniones sociales y laborales, clases de arte o de baile).
En esta nueva realidad que nos atraviesa, ya no podemos seguir llamando virtuales a estas modalidades, porque no estamos dentro de un juego de simulación, un “como si”, un universo de ficción.
Por el contrario, estas nuevas tecnologías nos permiten continuar con nuestra vida de una manera genuina y seguir siendo nosotros mismos, aún en condiciones adversas.
Valeria Bedrossian & Marcelo Lacanna
Lic. Valeria Bedrossian
valeriabedrossian@gmail.com
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