-“Empiezo a hablar y me dan ganas de llorar. No entiendo por qué me pongo así”.
-“Debo estar en esos días, y de repente todo me afecta sin que sepa por qué”.
-”Tengo esos momentos de irritabilidad que ni yo me soporto… Y encima me la agarro con el pobre Juan. No sé cómo me banca.
-“Me pregunto por qué estoy así… Intento revisar mi semana y no logro entenderme. Te juro que no me pasó nada puntual”.
-”El otro día en una reunión me hicieron un comentario negativo, pero nada grave. Cuando terminó la call, me largué a llorar como un bebé, no puede ser que de repente me ponga así, no me gusta”.
-”Salto mal por cualquier cosa”.
Para algunas personas suele ser desesperante. Pueden estar llorando en sesión y al mismo tiempo pronunciando “no sé qué me pasa”. Es como si esas personas tuvieran un malestar encriptado, al que se ven expuestos pero que no logran decodificar.
Hay un concepto que se llama alexitimia, que “…significa, literalmente, ausencia de palabras para expresar las emociones. Y denota una dificultad en identificar, describir y/o expresar (las propias) emociones”. Sifneos (1973).
Las personas alexitímicas no saben etiquetar lo que están sintiendo. No es que no tengan emociones, sino que no pueden ponerlas en palabras y es factible que tiendan a somatizarlas.
La alexitimia puede estar presente en diferentes tipos de patologías (siendo especialmente frecuente en los trastornos generalizados del desarrollo), pero mi teoría es que, en mayor o menor grado, nos pasa a todos. En determinados momentos no podemos identificar qué nos está pasando.
En muchos trastornos anímicos, aun sin llegar a ser graves, se presenta esta característica de falta de registro de las emociones propias. En la depresión, en las adicciones, en los trastornos de ansiedad y en las enfermedades psicosomáticas es muy habitual.
Las emociones son atrevidas, no conocen límites, son invasivas, se nos presentan de múltiples maneras y, muchas veces, como nos resultan amenazantes, las vamos desactivando, o intentamos hacerlo por miedo a cierto descontrol (van quedando en el “cuartito del fondo”) pero no dejan de ejercer su influencia de múltiples maneras. Incluso, cuando se van acumulando, se potencian. Y se hacen sentir.
Personalmente, no adhiero a explicar todo comportamiento en términos psicopatológicos. Soy de la idea de que muchos trastornos se generan por un modo de proceder inicial que se hace crónico y que finalmente resulta disfuncional. Una forma de funcionar que, tal vez, en un momento sirvió pero que con el tiempo ya no nos hace bien.
Sacando las emociones del freezer
Muchas veces resulta que detrás de una depresión hay alguien muy aburrido de la vida que no logró registrarse a sí mismo para darle lugar a algún deseo vital. O que detrás de un trastorno de ansiedad hay alguien que está encorsetado en una forma rígida de vida que le resulta insostenible, que sigue aferrado a algo que ya no desea. También es el caso de esas parejas que van sosteniendo un alto nivel de malestar, pero lo niegan porque hacerse cargo, implicaría un quiebre que no pueden admitir. Entonces, la negación intenta preservar cierto equilibrio, con el costo de reprimir las emociones, pero con el tiempo resulta imposible de sostener. Y algo desborda.
El desafío es abrir ese mundo interno para que aparezca lo genuino que necesita ser expresado, para luego ver qué se hace con eso.
Introspección y conversaciones que ayudan
Para poder descubrir qué hay detrás de esas emociones es necesario bucear dentro de uno mismo. Siempre aparecen en la conversación terapéutica pistas que nos conducen a esos deseos reprimidos, sueños inconclusos o pequeñas cuentas pendientes que nos quedaron debajo de la alfombra.
El tratamiento de la alexitimia se basa en el desarrollo cognitivo de la conciencia emocional. Es decir, el objetivo principal será reconocer y ponerle nombre a las emociones.
- Aprender a detectar las emociones propias
- Comprenderlas
- Regularlas
- Decidir qué hacer
Todos somos un poco alexitímicos
Este ejercicio de identificar nuestras emociones e integrarlas, nos ayudará a conocernos, comprendernos y saber qué necesitamos para evolucionar y lograr mayor bienestar.
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Lic. Valeria Bedrossian
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